domingo, 31 de agosto de 2008

Burgueses dubitativos - Erik Knudsen

¿Sientes vergüenza, estás harto de
este mundo rico blanco tuyo
explotación, racismo, genocidio
«libertad», «democracia»... tú detestas
todo eso. Bien. Tu mala conciencia
es una señal de vida. No eres un caso perdido
como los imperialistas y
sus pequeños agentes de ojos ciegos. Pero
¿qué estás dispuesto a hacer con tu vergüenza?
¿Para qué la empleas?

II

Tu corazón con los rebeldes
Tus pies en un suelo rico
Playboy
de la Revolución

III

Olvida que naciste
blanco y rico
¿Era Marx proletario?
¿Lo era Engels?
¿Lenin?
¿Brecht?
Tú también puedes hacer algo
Tú también puedes mostrar tu solidaridad
con los oprimidos y los rebeldes
tienes que ajustar cuentas contigo mismo
tienes que ajustar cuentas con tu clase:
Deserta
Traducción de Francisco J. Uriz

martes, 19 de agosto de 2008

Vuel Villa - Xul Solar


Vuel villa1936Acuarela sobre papel. 34 x 40 cm.Museo Xul Solar. Buenos AiresAut. Xul Solar

martes, 12 de agosto de 2008

Invierno - Muhammad Al Magut

Como lobos en una estación seca
Germinamos por todas partes
Amando la lluvia,
Adorando el otoño.
Un día incluso pensamos en mandar
Una carta de agradecimiento al cielo
Y en lugar de un sello
Pegarle
Una hoja de otoño.
Creíamos que las montañas se desvanecerían,
Los mares se desvanecerían,
Las civilizaciones se desvanecerían
Pero permanecería el amor.
De pronto nos separamos:
A ella le gustan los grandes sofás
Y a mí me gustan los grandes barcos,
A ella le gusta susurrar y suspirar en los cafés
Y a mí me gusta saltar y gritar en las calles.
A pesar de todo
Mis brazos se abren al universo
Esperándola.

Traducción de María Luisa Prieto

martes, 5 de agosto de 2008

Vuelta a Casa - Cle@

Muchos somos los casos que a los 17 o 18 años decidimos irnos de la casa de nuestros padres para estudiar en la universidad. Ya sea a Buenos Aires, a La Plata, a Bariloche o a Entre Ríos, nos fuimos. Llenos de sueños, marchamos para estudiar algo que en Mercedes, o en la Universidad de Luján no estaba como oferta estudiantil. Tuvimos la oportunidad económica o lo que sea que el destino nos permitió, salimos a volar y vivir por nosotros mismos. Tal vez, sabiendo que volveríamos muy seguido al refugio natal por nuestros padres o por los amigos que se quedaron.
Luego de cuatro, cinco o más años de carrera, por fin terminamos. Y nos vimos en un aprieto. Después de dar más de treinta exámenes, con trabajos prácticos. Después de comprar semanalmente la comida, manejarnos en colectivo, tren o subte. Después de rebuscarnos para pagar los impuestos o aguantarnos a la gente con la que vivimos, que suelen ser nuestros propios hermanos o nuestros mejores amigos. Volvimos. Sí, decidimos volver, porque en dónde estamos tampoco hay trabajo, o porque estamos cansados de ese lugar o simplemente porque tuvimos la necesidad de acompañar a nuestros padres.
Llegamos a la ciudad y los conocidos y desconocidos de siempre, comienzan a bajarnos las expectativas: “¿Qué estudiaste?”... ..."¿Y de qué te sirve la Oceanografía en Mercedes?”. Recapacitamos y nos dimos cuenta que tanto Oceanografía, o Geología, o Diseño Gráfico o incluso Comunicación Social no encajaba muy fácil en Mercedes. Nos teníamos que abrir un nuevo camino.
Volvíamos a una ciudad donde la convención dice que tenés que ser Abogado, Contador Público o Administrador de Empresa, Médico, Comerciante o, a lo sumo, Asistente Social o Arquitecto. Incluso se plagó de Docentes en todas las ramas. Pero, vos, en cambio, no tuviste mejor idea que estudiar algo relativamente nuevo y desconocido cuando empezaste. Algo que te llamó la atención e imaginaste que te iba a sacar de esa ciudad en la que creciste. Algo que te costó mucho para llevar adelante, porque sabes que no es tan fácil estar sólo en una ciudad grande y semidesconocida.
Pero necesitaste retornar, con un título bajo el brazo (o a punto de recibirlo). Un título que varios desconocen en qué podes trabajar, que no saben en qué consiste tu carrera, un título en una ciudad que creció tanto y cambió tanto que ya no conoces a nadie.
Y te das cuenta que el sueño es otro, la experiencia es mayor, ya que creciste en estos años, pero la desorientación, también es mayor. Empezar a buscar el poco trabajo que hay o rebuscártela para hacerte lugar se volvió tu objetivo. Soñar con hacer algo que tenga que ver con lo que estudiaste es tu meta. Y pensás: “Volver a casa es volver a empezar."

jueves, 31 de julio de 2008

Preámbulo a las Instrucciones para dar cuerda al reloj - Julio Cortázar

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

martes, 29 de julio de 2008

lunes, 28 de julio de 2008

Margarita o el Poder de la Farmacopea - Adolfo Bioy Casares

No recuerdo por qué mi hijo me reprochó en cierta ocasión:
-A vos todo te sale bien.
El muchacho vivía en casa, con su mujer y cuatro niños, el mayor de once años, la menos, Margarita, de dos. Porque las palabras aquellas traslucían resentimiento, quedé preocupado. De vez en cuando conversaba del asunto con mi nuera. Le decía:
-No me negarás que en todo triunfo hay algo repelente.
-El triunfo es el resultado natural de un trabajo bien hecho -contestaba.
-Siempre lleva mezclada alguna vanidad, alguna vulgaridad.
-No el triunfo -me interrumpía- sino el deseo de triunfar. Condenar el triunfo me parece un exceso de romanticismo, conveniente sin duda para los chambones.
A pesar de su inteligencia, mi nuera no lograba convencerme. En busca de culpas examiné retrospectivamente mi vida, que ha transcurrido entre libros de química y en un laboratorio de productos farmacéuticos. Mis triunfos, si los hubo, son quizá auténticos, pero no espectaculares. En lo que podría llamarse mi carrera de honores, he llegado a jefe de laboratorio. Tengo casa propia y un buen pasar. Es verdad que algunas fórmulas mías originaron bálsamos, pomadas y tinturas que exhiben los anaqueles de todas las farmacias de nuestro vasto país y que según afirman por ahí alivian a no pocos enfermos.
Yo me he permitido dudar, porque la relación entre el específico y la enfermedad me parece bastante misteriosa. Sin embargo, cuando entreví la fórmula de mi tónico Hierro Plus, tuve la ansiedad y la certeza del triunfo y empecé a botaratear jactanciosamente, a decir que en farmacopea y en medicina, óiganme bien, como lo atestiguan las páginas de "Caras y Caretas", la gente consumía infinidad de tónicos y reconstituyentes, hasta que un día llegaron las vitaminas y barrieron con ellos, como si fueran embelecos. El resultado está a la vista. Se desacreditaron las vitaminas, lo que era inevitable, y en vano recurre el mundo hoy a la farmacia para mitigar su debilidad y su cansancio.
Cuesta creerlo, pero mi nuera se preocupaba por la inapetencia de su hija menor.
En efecto, la pobre Margarita, de pelo dorado y ojos azules, lánguida, pálida, juiciosa, parecía una estampa del siglo XIX, la típica niña que según una tradición o superstición está destinada a reunirse muy temprano con los ángeles.
Mi nunca negada habilidad de cocinero de remedios, acuciada por el ansia de ver restablecida a la nieta, funcionó rápidamente e inventé el tónico ya mencionado. Su eficacia es prodigiosa. Cuatro cucharadas diarias bastaron para transformar, en pocas semanas, a Margarita, que ahora reboza de buen color, ha crecido, se ha ensanchado y manifiesta una voracidad satisfactoria, casi diría inquietante. Con determinación y firmeza busca la comida y, si alguien se la niega, arremete con enojo. Hoy por la mañana, a la hora del desayuno, en el comedor de diario, me esperaba un espectáculo que no olvidaré así nomás. En el centro de la mesa estaba sentada la niña, con una medialuna en cada mano. Creí notar en sus mejillas de muñeca rubia una coloración demasiado roja. Estaba embadurnada de dulce y de sangre. Los restos de la familia reposaban unos contra otros con las cabezas juntas, en un rincón del cuarto. Mi hijo, todavía con vida, encontró fuerzas para pronunciar sus últimas palabras.
-Margarita no tiene la culpa.
Las dijo en ese tono de reproche que habitualmente empleaba conmigo.

domingo, 27 de julio de 2008

Poema de amor - Roque Dalton

Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como "silver roll" y no como "gold roll"),
los que repararon la flota del Pacífico
en las bases de California,
los que se pudrieron en la cárceles de Guatemala,
México, Honduras, Nicaragua,
por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,
por hambrientos,
los siempre sospechosos de todo
("me permito remitirle al interfecto
por esquinero sospechoso
y con el agravante de ser salvadoreño"),
las que llenaron los bares y los burdeles
de todos los puertos y las capitales de la zona
("La gruta azul", "El Calzoncito", "Happyland"),
los sembradores de maíz en plena selva extranjera,
los reyes de la página roja,
los que nunca sabe nadie de dónde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo
o de las picadas del escorpión o de la barba amarilla
en el infierno de las bananeras,
los que lloraran borrachos por el himno nacional
bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.